
NY
Desde cualquier ventana de Nueva York, se puede gritar llamando a un amor perdido. Así, el nombre de la persona desesperadamente amada ada ida ida, se desparrama y rebota. Rebota entre cristales, espejos, luces; trepa techos y techos y rebota. Estalla el dolor y las vocales vuelan por el aire mezcladas con el humo, la música, la magia del cielo rascacielo de tanta ciudad. Se multiplica, bota, ica. El desgarro se compra una botella y proyecta la pena y más botellas.
Ese nombre que ha recorrido la inmensidad del mundo, es tu nombre.
Desde cualquier ventana de Nueva York, se puede gritar llamando a un amor perdido. Así, el nombre de la persona desesperadamente amada ada ida ida, se desparrama y rebota. Rebota entre cristales, espejos, luces; trepa techos y techos y rebota. Estalla el dolor y las vocales vuelan por el aire mezcladas con el humo, la música, la magia del cielo rascacielo de tanta ciudad. Se multiplica, bota, ica. El desgarro se compra una botella y proyecta la pena y más botellas.
Ese nombre que ha recorrido la inmensidad del mundo, es tu nombre.
Ese nombre que ha recorrido la inmensidad del mundo, es tu nombre.
Ese nombre que ha recorrido la inmensidad del mundo, es tu nombre, pero vos estás ahí perpleja y muda, mientras yo grito en Nueva York.
Fin