
Eva tiene una casita de barrio con un jardín abarrotado de cosmos, geranios, dalias y mucho verde de flores populares y baratas. Vive sola y trabaja clasificando botones según el agujero, en una mercería del centro. Hasta allí va cada día siguiendo el mismo camino. El camino que pasa enfrente de esa ventana. Lo vió salir dos o tres veces, alto, moreno, levantandosé el cuello de la gabardina y ni siquiera sabe su nombre. Poco. Poco y nada sabe de él y de su vida pero a Eva no le importa. Uno puede imaginarlo todo a partir de un gesto; inventar mil historias que ni siquiera se escriban. Eva, yo ... ya somos dos que pueden prescindir de las palabras y dejar, simplemente, una flor en la ventana.
* En Menta. Ediciones Orillera 2009