Sentado en el borde del aljibe, en la chacra de su abuela, le hacía los recorridos a las hormigas con el dedo gordo del pie. Era un área de tierra mojada y esos trazos ─convencido Santiago─ orientaban.
Rutas, planos de excursión hasta la plaza por caminos distintos, mapamundis locales.
Creció entre álamos y tamariscos, perfectamente centrado por un compás.
La panadería del Cholo era territorio occidental: abundancia, hidratos de carbono y un pan supuestamente para todos y por el que había que pagar.
El oriente era Hortensia. La farmacia de Hortensia, sus jarabes, las hierbas curativas y el olor.
Nunca salió del pueblo Santiago y sin embargo, fue un viajero. Un Cristóbal Colón. Un audaz.
Un conocedor en uso de notable e inusual sentido. El sentido del viento.
* En Menta. Ediciones Orillera 2010