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domingo, 12 de octubre de 2008


Las lechuzas y los perros


Amambay hace artesanías con madera tallada y vive en el norte de Formosa. Vino del Paraguay y quiere volver. Mientras quiere volver, vende lechuzas, lechucitas y lechuzones del monte a todo aquel que quiera colaborar con su regreso. Mi tía Silvia una vez, viajó al norte de Formosa y nos trajo a todos una lechuza de regalo. Otra vez viajó a Mar del Plata y nos trajo hipocampos del tiempo; del tiempo pero de Mar del Plata. En realidad mi cuñada colecciona imanes para la heladera y le gustan particularmente los barcos, pero Silvia igual le trajo una lechuza. Aquella vez. También está la hermana menor de una ahijada de la tía que, aunque no tiene lazo sanguíneo directo, recibe lo que todos, incluído el hipocampo que se pone azul cuando va a llover. Hace mucho que no llueve por acá. El hipocampo está verde. El pasto, amarillo. Cuestión que Amambay –de nombre Higinio pero conocido como Amambay- dice que las lechuzas cumplían las funciones de los perros antes de que hubiera perros en América. Una lechuza cuida en la noche, avisa si viene alguien y libera la casa de merodeadores extraños.
A la tía Silvia le gusta viajar, es una maestra jubilada y no tiene hijos. Ni marido. Ni padre. Ni madre. Ni perro. Sí tiene un Fiat Uno y una iglesia de referencia, adonde va a rezar y a pedir que alguna de las monjitas internas, le riegue las plantas cuando está por viajar al norte de Formosa. O a la montaña, porque también visitó el Chaltén aunque de allí... no recuerdo que nos trajo. ¿Tal vez era el frasquito con tierra de colores?. Si, del valle de las pinturas. Es el frasquito que contiene los colores con los que los aborígenes- no como Amambay sino como Ñancufil- pintaban sus cuevas. Quizás fue antes de Ñancufil. Quizás, quizás, quizás.
Es preciso decir que la tía nos tiene a todos nosotros para traernos regalos. Ana siempre le encarga un imán para poner en la heladera, en la parte superior, sin embargo de San Salvador de Jujuy, Silvia le trajo un monedero. Qué pequeñitos son los coyitas del monedero.
Esta mañana, cuando ví el otoño en el patio, me acordé de Amambay y su teoría de las lechuzas cuidadoras. Yo estaba casada con Manuel cuando me dejó por Lilia, la ex esposa de Martín que tiene un hijo campeón de apnea y entrena de aguantar sin respirar debajo del agua. Esa, con esa Lilia se fue. Ese.Esa. Esaa.En ese entonces vivíamos en el campo rodeados de lechuzas, pero Manuel se fue y a mi no me avisaron nada. Tal vez por eso he comprado un perro.


Fin

5 comentarios:

Paula Cautiva dijo...

Orillera:
Me guardo tu blog en mi lector de feeds. Es sumamente interesante y me lo reservo para leer el fin de semana, así lo disfruto. Besos!

Orillera dijo...

Gracias Paula cautiva, me da alegría tu visita y espero de verdad los disfrutes mucho!.

edu dijo...

me encanta! leí nada más este en el que comento, pero de a poco voy a ir avanzando!
igual no me quedó claro qué pasó con Manuel. a ver si lo releo.

hermoso!
saludos!
edu-

Orillera dijo...

y...se fue, Manuel se fue, Edu. Un beso y gracias por visitar el blog.

Anónimo dijo...

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