*¿Salimos?
*¿Miramos una peli en casa?
*Esta noche tengo asado con los muchachos.
*Anoche estuve en tu casa. Lavé los platos. Me corté con una copa.
*No llamaste ayer.
*Sin crédito
*¿Salimos?
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* Ediciones Orillera es un sello de autor (2009) con el que llevamos publicados diez libros. Podés pedirlos aquí orillera@gmail.co o al teléfono +549 2954 614932
* Literatura infantil y juvenil
Cada día le deja una flor en la ventana. A veces la trae de su jardín, otras veces la roba por el camino pero nunca nunca se olvida. Las preferidas son las violetas porque la planta de su casa está muy grande, su flor es noble, perfumada y se mantiene fresca mucho tiempo. También puede ser que le deje un narciso o una margarita. Las margaritas son tan bellas. El martes arriesgó y dejó una marimonia. El tema de las marimonias es que tienen pétalos demasiado finos y no sea cosa que hasta que él abra y la tome para ponerla en agua, ya esté marchita. Por las dudas no repitió.
Amparo nació en el circo: parto fácil y con pirueta de su mamá trapecista. El padre, administrador y domador de tres tristes tigres. La carpa de colores rodó, rodó por todo el mundo con su magia, su música y las jaulas olorosas de los animales. La tía Matilde, encargada de presentar cada número con voz de locutora, cuidaba de Amparito y transmitia (lé) su disgusto por tener animales: Le digo a tu papá que no está bien, que por qué no ponemos luces nuevas, aguas que bailen, en vez de adiestrar esos bichos que mejor estarían en ¡la selva!... El elefante Mario me mira y sufre, yo lo sé. Así asi así chiribín pin pin...pasa el circo por pueblos y ciudades. Por los años de los años. Pasa, hasta que un día en el que Matilde y Amparo salen a pasear con Mario, el cielo se pone rojo encima de la carpa. Luminosas lenguas consumen pasto, tablas, casillas, payasos...todo, todo se hace carbón finito por el aire y todo-nada queda. Ululan las sirenas de los bomberos, las lágrimas de miles de ojos de vecinos de la ciudad, más las mías- que estoy viviendo la historia- apagan el incendio. El elefante Mario ayuda con su trompamanguera mientras Amparo y tía se perplejean mirando. Rojo, rosa, naranja, verde, celeste, blanco, negro, gris, gris, gris... y en tanto se reflejan todos los colores, el corazón Matilde se detiene pa ra (aah) siem pre (ehhsshh).
Eusebio Ceferino Enrique fue Comisario en la última Dictadura Militar.
A Quique le gusta la buena cocina.
En el mayo de entonces, los lunes a las 13 hs, su señora lo esperaba con spaguettis al dente, salsa de cuatro quesos, para cuando venía de torturar.
El martes tocaba matar en tiroteo y vuelta a las 14 hs para un clásico: lomo a la pimienta.
Los miércoles de ronda. Sin horario. Fast food.
Jueves picana y escargots; viernes paté y paté, en fin...
Y así lo jubiló la democracia.
Quique descansa la cabeza mientras pesca pejerreyes en “La redonda”. Disfruta de la paz de esa laguna y les enseña secretos de carnada a los tres nietos.
Eusebio; Ceferino y Enrique son hijos de la hija robada.
Quique pesca. Cuando el balde se llena con su botín plateado, ahí nomás abre, arranca la columna de los peces, les corta la cabeza, los limpia y regresa feliz.
Ahora en la cocina manda él.
* En Menta (Ediciones Orillera 2009)
* Foto de web

La plaza está tranquila. Tal vez esa, única hora de soledad entre las 7 y las 8. Las motos, los jóvenes, la policía... rugieron, bailaron, bebieron. Ya casi no rondan y ese silencio es como una señal para que vuelvan: Palomas y abuelos. En el banco verde que tiene tallado un corazón con flecha están los cinco. Simón nació en el 34 y usa gorra de frisa aunque sea verano: "... lo que ataja el frío ataja la calor ", les dice cada vez y cada vez vuelven a señalarlo; Valerio vino del Piamonte con 4 años, llegó al oeste en tren, luego de que una familia desconocida lograra el permiso para que lo bajaran del barco. Solito, con zapatillas nuevas y una carta. Ramón es profesor de geografía, el más joven; clase 43. Raúl y Gaspar son hermanos, viudos, panaderos, anarquistas. Raúl es francés y Gaspar, no. El quinto podría ser mi papá, ferroviario, alegre y con bigotes. Mi papá de 81 con su camisa prendida hasta el último botón del cuello y el peine fino en el bolsillo. Podría ser él, contando cuando robaba las gallinas a la suegra y la invitaba a almorzar para no sentirse tan culpable; riendo a carcajadas, proponiendo el número para el billete ganador, el gordo de la lotería de fin de año. Pero no es, no es el 57, su número, el que saldría luego y no es papá porque está muerto. También podría ser Traful, apodo de Ricardo que mejor ni les cuento o Tito o el Perro Fernández, Pechito, Palacios... cualquiera de ellos podría ser, de los que ya no están… pero es Rocío, la nieta fresca, la nieta de todos. El pasado, el presente, el futuro en la plaza y en la vida. El corazón con flecha se ilumina y se lee lo que quieras: to love, i love, my love…
¡Felicidades!



Se puede dibujar un peón usando el trazo mismo que marca el horizonte. Mañana con mate amargo puesto, pocas palabras y ojos negros. Ladran los perros cuando recorre aguadas y revisa la tierra rompiendolá en las manos (lá). Demasiado seca este año. Si señor.
La llanura pampeana en el entorno y una mujer que amase, descogote gallinas y esté. Esté y que este y oeste y el sur para caer la tarde y el norte del peón esta mujer aunque nunca se lo pueda decir.
Sabe lo propio del campo siempre ajeno para ganarlo así, de a pedazos: cada año suma la mejor vaca y tiene otro hijo que crece con la huerta.
Hay su olor en el aire, humo de piquillín… Eso, esos escasos datos hay y pongalé guitarras (lé) y fin. Ya lo tiene al peón.
Sí señor.
* En Menta. Ediciones Orillera. 2009 * En la foto, Mario.

Elena teje y llora por todo. Tiene las lágrimas redonditas como falsas perlas que ni de vidrio son, ¿de resina?… tal vez. Mira tele y llora con esos programas que cumplen sueños sencillos; cuando la abuela Ignacia del barrio Villa Palito encontró a su perro perdido; cuando el conductor del noticiero ¡casado de hacía tantos años! se divorció de la cantante de Las morochas del Toboso; con la novela de las seis, la novela de las siete,… Un día estuvo con los ojos mojados desde que empezó la señal de ajuste, a la madrugada, escuchando a un niño vestido de gaucho que- poniendo su mano en el corazón – gritaba:





La veo sentada en el borde de la vereda con una pollerita azul y un gorro de lana. Pícara. Curiosa. De la mano derecha sale un piolín con globo y por los alrededores anda el gato. Apenas un segundo y ya está saltando. La niña. Ahora corre con el globo atrás del gato. Nombra un árbol y el árbol aparece, dice cosas a media lengua, a media voz y canta. Entonces se ilumina la tarde, las nubes se disuelven, canta el árbol, canta el globo, canta el gato. La pollerita azul está bailando y gira con la niña; con las hojas de otoño se forma un remolino y todos vuelan: La niña las hojas el globo la pollerita azul. El remolino trepa y trepa y el viento se hace brisa y pluf. Sobreviene la calma. En la vereda solo queda su gorro de lana. Cuando vuelven todos los del barrio para saber para buscar para hablar para encontrar para denunciar para teorizar para escandalizar para dramatizar para …para cuando vuelven, la niña ya está lejos y a salvo del mundo. Con las cosas que nombra, con el árbol, con el globo y su gato, perfectamente instalada en otra dimensión.

* Paloma asoma en árbol del camino.

